La antigua Colegiata de Santa María la Mayor. El precedente medieval de la Catedral de Valladolid

Los últimos vestigios de la antigua Colegiata de Santa María la Mayor se yerguen impasibles en pleno centro histórico de Valladolid, ajenos al ajetreo cotidiano de su entorno circundante, constituyendo una de las evidencias arquitectónicas más antiguas de la trama urbana de la capital castellana. Sus estructuras supervivientes, que no son sino el resultado de distintas fases constructivas y destructivas sucedidas en un mismo solar entre finales del siglo XI y mediados del XVII, ocupan hoy día un espacio delimitado al este por la Plaza de la Universidad, al norte por la calle Arzobispo Gandásegui (antes conocida como calle Cabañuelas), al oeste por la Plaza de Portugalete y al sur por la propia Catedral, construcción ésta última que, de haberse completado el colosal proyecto original de Juan de Herrera, habría sepultado irremisiblemente los restos visibles en la actualidad, debido a sus grandes dimensiones. Y es que la colegiata de Santa María la Mayor representa el antecedente cultual inmediato de lo que será el postrero templo herreriano, elevado al rango de catedral a finales del siglo XVI una vez sea erigida la nueva diócesis de Valladolid.

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Vista de las ruinas de la Colegiata de Santa María la Mayor. Al fondo la torre de la iglesia de La Antigua.

Fotografía aérea de los restos de la Colegiata de Santa María la Mayor (al norte) y la Catedral (al sur). En la colegiata se puede rastrear la planta original y su orientación gracias a los cipreses plantados intencionadamente con el objeto de simular a los pilares originales, y lo mismo ocurre con las líneas de losetas contemporáneas, que permiten distinguir las tres naves ya ausentes así como la articulación de sus tramos.

La primitiva colegiata románica (finales del siglo XI-inicios del XII)

Los orígenes de la colegiata se remontan a los tiempos de Pedro Ansúrez, el conde a quien el rey Alfonso VI designa en 1074 como señor y repoblador de la entonces villa de Valladolid y su alfoz. Él fue quien, con el beneplácito de su mujer doña Eylo, impulsa la fundación de una iglesia Mayor colegial, en un principio de modestas dimensiones, para lo cual eligió un promontorio situado en la margen izquierda del entonces ramal sur del río Esgueva, extramuros de la primitiva cerca medieval. Aquella nueva fundación, pese a encontrarse territorialmente en aquel entonces bajo la jurisdicción eclesiástica del obispado de Palencia, quedó desde sus inicios directamente ligada a la Santa Sede, recibiendo múltiples donaciones de particulares y acumulando numerosos privilegios provenientes de la monarquía a lo largo de los siglos XII y XIII, acrecentando así su primacía espiritual y económica dentro del incipiente núcleo urbano de Valladolid.

En el año 1080 dan comienzo los trabajos de construcción de la colegiata, prolongándose las obras hasta finales del siglo XI o principios del XII. En este sentido, existe una carta de fundación del año 1095 firmada por el propio conde Ansúrez, así como un documento de donación al que sería su primer abad, llamado don Salto, fechado en 1100, textos ambos indicadores de que el templo ya estaba por aquel entonces concluido en lo fundamental. Esta primera iglesia colegial, románica, estaba orientada canónicamente al este, constando probablemente de una sola nave cubierta con armadura de madera. El acceso principal se localizaba al oeste, a través de una torre-pórtico situada a los pies, que es precisamente el único elemento conservado hoy día de esta primera fase constructiva, si bien está embutida su base desde el siglo XIV en la capilla de San Blas y San Juan Evangelista.

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Vista de la desmochada torre románica de la primera colegiata, situada a los pies de la nave de central del templo. Se observa el actual tejado de cobre que cubre esta estructura a la altura del segundo cuerpo.

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Torre de la Colegiata románica. Reconstrucción ideal según Heras García (1966).

La torre, aunque desmochada, deja entrever algunas de sus principales características arquitectónicas y ornamentales. Se trata de una estructura de planta casi cuadrada con excelente fábrica de sillería caliza, compuesta en origen, según Heras García, de tres cuerpos. El inferior contenía el consabido pórtico de acceso mediante arco de medio punto y bóveda de cañón, quedando por encima los dos cuerpos superiores, separados por bandas de ajedrezado (o taqueado jaqués) sobre los que se disponían ventanas geminadas en cada uno de los cuatro frentes, presumiblemente más alargadas en canon las del tercer cuerpo, hoy desaparecidas, y todas ellas también con decoración de ajedrezado a la altura de su línea de imposta. Las esquinas de estos dos cuerpos superiores se ennoblecían mediante columnas entregas acodilladas, de las que aún subsisten tres a la altura del segundo cuerpo. Por lo que respecta a la cubrición, desaparecido el chapitel piramidal original, ésta se ha resuelto en la actualidad mediante un moderno tejado de protección de cobre a cuatro aguas que sobresale de su desmochada silueta a la altura del segundo cuerpo. Sin embargo, uno de los aspectos más significativos de la torre de Santa María la Mayor quizás resida en su influencia posterior, ya que éste será el modelo a seguir por otras torres castellanas, en primera instancia por las de Nuestra Señora de la Antigua y San Martín (en la propia ciudad de Valladolid), sin olvidar las de El Salvador de Simancas (Valladolid), Santa Eulalia de Paredes de Nava (Palencia) o San Esteban de Segovia.

La segunda colegiata (primer tercio del siglo XIII)

Con el avance de la Edad Media el núcleo de Valladolid se irá consolidando poco a poco como uno de los principales centros políticos y económicos del Reino de Castilla, una progresión que, del mismo modo, irá acrecentando el prestigio de su colegiata, hasta el punto de ser designada como sede de varios concilios nacionales a lo largo del siglo XII (en los años 1124, 1143 y 1155). Ante estas nuevas circunstancias el edificio románico se fue quedando pequeño para las nuevas necesidades, razón por la que durante el primer tercio del siglo XIII, en tiempos del abad Juan Domínguez de Medina, el cabildo colegial opte por derribarlo, para proceder sin solución de continuidad a la construcción de un edificio de nueva planta y mayores dimensiones, ya de estética cisterciense, una demolición de la que solamente se librará la torre románica situada a los pies. Las principales características de esta nueva construcción se pueden rastrear entre las ruinas visibles en la actualidad. Así, esta segunda iglesia colegial, levantada en fábrica de sillería caliza, mantuvo la orientación canónica de su precedente románica, si bien quedando compartimentada en esta nueva etapa en tres naves de seis tramos cada una, rematadas a oriente mediante tres ábsides semicirculares. El cuerpo se debió cubrir mediante bóvedas de crucería, sustentadas mediante pilares cruciformes con semicolumnas adosadas, de los que aún son visibles los empotrados en las caras interiores del lienzo norte y el hastial oeste, cuyos capiteles muestran una decoración de bolas, cintas y hojas de parra.

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Detalle de pilastras adosadas y del arranque de las bóvedas en el interior de la nave de la Epístola, en la esquina entre el hastial de poniente y el muro del mediodía.

En este mismo periodo también se abrieron dos espléndidas portadas abocinadas mediante arquivoltas apuntadas. Una al norte, llamada de las Cabañuelas, notablemente restituida en la actualidad, y otra al sur, que con el tiempo se convertiría en el principal acceso al postrero claustro y que hoy día se localiza en el interior de una de las dependencias que, desde 1965, conforman espacio expositivo del actual Museo Diocesano.

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Portada norte de la Colegiata (siglo XIII), que daba acceso a la calle Cabañuelas, hoy día Arzobispo Gandásegui.

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Portada sur de la colegiata (siglo XIII). A partir del siglo XIV daba acceso al recién construido claustro y en la actualidad se encuentra en el interior de una de las salas del Museo Diocesano.

Las reformas y ampliaciones del siglo XIV. La construcción del claustro y las capillas funerarias

Desde comienzos del siglo XIV se llevan a cabo nuevas intervenciones en la colegiata vallisoletana, ampliándose su espacio constructivo mediante la adición de nuevas estancias. Así, a partir de 1318 se levanta al sur de la nave de la Epístola un claustro, que también aparece documentado en 1415 como “claustra nueva”, testimonio que pudiera indicar bien la presencia de otro anterior protogótico o más probablemente una reciente construcción o reforma de cierto alcance en alguna de las crujías existentes. Tras la ejecución de esa obra, como se ha señalado, la portada sur de la colegiata del XIII pasará de ser un acceso al exterior a dar salida al propio claustro.

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Planta de las capillas del siglo XIV de la Colegiata (en marrón), que integran las salas del Museo Diocesano, y las de la Catredral herreriana (en amarillo)

A lo largo de este mismo siglo también irán adosándose progresivamente a los lados norte, sur y oeste del edificio cisterciense una serie de capillas funerarias, buena parte de ellas conservadas hoy día gracias a su reutilización durante las obras de construcción de la catedral herreriana a lo largo del siglo XVII (como capítulo, librería, archivo, sacristía, etc.), y más recientemente por el hecho haber sido restauradas y acondicionadas para conformar la sede del Museo Diocesano. Este conjunto de capillas y dependencias está integrado hoy día por:

  • La Sala Capitular, construida a finales del siglo XVI aprovechando un tramo de la crujía occidental del claustro (sala 12 en el plano).
  • La capilla de San Llorente, construida en 1345, de planta rectangular y con arcosolios ojivales en sus muros, cubierta con dos magníficas cúpulas de yesería mudéjar. Una capilla que también llegóa a ser utilizada como Salón de Grados de la Universidad (sala 11).
  • La capilla de Santo Tomás, adosada a los pies de la nave de la Epístola, también de planta rectangular y cubierta con bóvedas de crucería. Sabemos que en 1331 se encontraba en ruinas, siendo reconstruida diez años más tarde por García Pérez de Valladolid, en aquel entonces Alcalde Real (sala 13)
  • El ángulo noroccidental del claustro, donde se encuentra embebida la portada meridional de la colegiata del siglo XIII, descubierta a raíz de las obras de restauración de 1965 (sala 14)
  • La capilla de San Blas y San Juan Evangelista, adosada a los pies de la nave central de la colegiata, de planta cuadrangular y bóveda de crucería sencilla, construida entre 1333 y 1337 bajo el patronato de don Juan Rodríguez, arcediano de Campos (sala 15).
  • El hueco perteneciente la torre-pórtico románica, tapiada al exterior tras la construcción de la capilla de San Blas y San Juan Evangelista, con arco de medio punto y bóveda de cañón, un espacio convertido tras su sellado en la cámara del tesoro catedralicio (espacio 16).
  • La capilla de Santa Inés, construida antes de 1333, de planta rectangular, en cuyo muro oriental es visible la puerta que comunicaba con la nave del Evangelio de la colegiata, a cuyos pies se encuentra (sala 17).
  • La capilla de San Bartolomé, actualmente en obras y cerrada al público (sala 18).
  • La capilla de Santa Bárbara, con interesantes pinturas al fresco, adosada al muro norte de la nave del Evangelio.
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Capilla de San Llorente (siglo XIV), rehabilitada en 1965 para formar parte del Museo Diocesano de Valladolid.

El inicio de la tercera colegiata y su conversión en Catedral (siglo XVI)

El imparable crecimiento demográfico y económico experimentado por Valladolid una vez superada la Edad Media provoca el surgimiento de nuevas necesidades de culto. El cabildo, consciente de esta situación, decide impulsar, por tercera vez, la construcción de una iglesia Mayor, de nueva planta y más espaciosa, a situar en esta ocasión en unos terrenos al sur de la vieja colegiata cisterciense y con una orientación norte-sur. En pos de ese cometido se encarga el proyecto a cinco de los más afamados arquitectos del momento: Juan y Rodrigo Gil de Hontañón, Juan de Álava, Francisco de Colonia y Diego de Riaño, de ahí que a este nuevo templo también se le conozca como la “colegiata de los cinco maestros”. Este equipo diseñó un edificio del que conocemos muy pocos detalles, aunque debió poseer unas trazas muy similares a las de las catedrales de Salamanca y Segovia, especialmente en cuanto a concepción estética (tardogótica) y a estructura espacial en planta se refiere (renacentista), estando articulado mediante tres naves con capillas hornacinas. Este nuevo templo colegial, cuyas obras se inician en 1527, sufrirá desde su inicio, sin embargo, numerosas interrupciones, derivadas tanto de las múltiples ausencias de los maestros de obra (Diego de Riaño y, tras la muerte de éste, Rodrigo Gil de Hontañón) como de las dificultades económicas que fueron surgiendo, hasta el punto quedar suspendidos los trabajos sine die, habiéndose ejecutado tan solo la fachada principal a los pies y algunos tramos de las naves laterales, especialmente la de la Epístola, sin llegar en ningún caso todo lo construido a la altura del arranque de las bóvedas.

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Plano del siglo XVII propiedad de Saturnino Rivera Manescau, publicado por Juan Agapito y Revilla en 1942. En él se aprecia a la derecha la planta de la iglesia de La Antigua (1), en el centro la Colegiata de Santa María la Mayor (2) y su claustro (5), y a la izquierda la Catedral herreriana, incluyendo un claustro (D) sobre el río Esgueva (lo que hoy día es la plaza de Portugalete), proyectado pero que nunca llego a ser construido.

En 1580 se vuelve a retomar el proyecto de construcción de la nueva colegiata, esta vez de la mano de Juan de Herrera. Sin perder de vista la orientación, los ejes principales y la disposición planimétrica del inconcluso proyecto de los cinco maestros, las nuevas trazas del maestro montañés proyectarán un edificio de mayores dimensiones en el que se imponen las rotundas y macizas fábricas de la arquitectura clasicista. Esta nueva propuesta se irá ejecutando, comenzando desde los pies, superponiéndose progresivamente a los escasos lienzos tardogóticos construidos décadas atrás. En paralelo a ese avance en los retomados trabajos en la nueva iglesia Mayor, que desde 1595 pasará de ser colegial a tener el rango de catedral, se asiste al desmantelamiento del claustro y las naves de la vieja colegiata, todo ello con un doble objetivo: por una parte proceder a la demolición del antiguo edificio medieval antes de que la catedral herreriana, en su avance hacia el norte, se le superpusiera por completo y, de paso, reaprovechar ese material de cantería en la nueva construcción. Sin embargo, la interrupción de las obras de la catedral a la altura del crucero a mediados del siglo XVII evitará que la nueva seo alcance a la vieja colegiata, no así que ésta ya quedara en un lamentable estado de desmantelamiento, del que no se salvaron ni el claustro ni las tres naves de la iglesia, estado que, con la salvedad de las capillas restauradas en 1965 para su integración en el Museo Diocesano y la cubrición de la torre, es el que perdura en la actualidad.

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Planta del proyecto de Juan de Herrera para la Catedral de Valladolid. En negro la parte realmente construida. De haberse levantado la parte sombreada en gris, la antigua colegiata habría sido arrasada por completo y existiría un claustro en la actual plaza de Portugalete.

Para saber más:

AGAPITO Y REVILLA, J. (1942): “Para la historia de la Iglesia mayor de Valladolid (1ª parte)”, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, XLVI, pp. 70-80.
AGAPITO Y REVILLA, J. (1942): “Para la historia de la Iglesia mayor de Valladolid (2ª parte)”, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, XLVI, pp. 220-234.
AGAPITO Y REVILLA, J. (1943): “Tres trazados de la iglesia mayor de Valladolid en un dibujo”, Diario Regional, Valladolid, 28 de abril de 1943.
ALONSO RUIZ, B. (2004): “Diego de Riaño y los maestros de la Colegiata de Valladolid”, De Arte, 2, pp. 39-53.
BLANCO MARTÍN, F.J. (2000): “El hastial de poniente de las primeras colegiatas de Santa María la Mayor de Valladolid”, Anales de arquitectura, 8, pp. 21-34.
CHUECA GOITIA, F. (1998): La Catedral de Valladolid. Una página de oro de la arquitectura española, Madrid, Instituto Juan de Herrera, E.T.S. de Arquitectura de Madrid.
DOMÍNGUEZ CASAS, R. (2002): “Colegiata de Santa María la Mayor”. En García Guinea, Miguel Ángel y Pérez González, José María (Dir.): Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Valladolid, Aguilar de Campoo (Palencia), Fundación Santa María la Real, pp. 442-453.
HERAS GARCÍA, F. (1966): Arquitectura románica en la provincia de Valladolid, Valladolid, Universidad de Valladolid.
OLIVERA ARRANZ Mª R. (2002): “Colegiata de Santa María la Mayor”, en García Guinea, Miguel Ángel y Pérez González, José María (Dir.), Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Valladolid, Aguilar de Campoo (Palencia), Fundación Santa María la Real, Centro de Estudios del Románico, pp. 442-453.
RODRÍGUEZ PEQUEÑO, Mª A. (1988): La colegiata de Valladolid en la Edad Media (siglos XI-XV), Valladolid, Universidad de Valladolid. Tesis doctoral inédita.
RODRIGUEZ VALENCIA, V. (1973): La Colegiata y la Catedral de Valladolid: 1960-1970, Valladolid, Instituto Isabel la Católica de Historia Eclesiástica.
RUCQUOI, A. (1986): “Ciudad e Iglesia: la colegiata de Valladolid en la Edad Media”, En la España Medieval, 6, pp. 961-984.
URREA, J. (1997): “La primera catedral de Valladolid”, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, 32, pp. 147-160.

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