La ermita de las Vegas (Santiuste de Pedraza, Segovia). Un lugar sacralizado desde época romana

La ermita de Nuestra Señora de las Vegas, advocación mariana bajo la que se venera a la que es la patrona de la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza, es un hermoso templo del románico rural segoviano localizado dentro del término municipal de Santiuste de Pedraza. Impasible y en la más absoluta soledad, esta construcción medieval se alza en medio de un pintoresco y silencioso valle desde el que se divisa nítidamente el cercano perfil de la sierra segoviana y por el que discurre el cauce alto del río Cega así como el de su tributario, el arroyo de las Vegas, que da nombre a la ermita y al paraje. El edificio es fácilmente identificable a pesar de su aislamiento al estar situado junto a la carretera comarcal SG-P-2322 que enlaza Sepúlveda con la carretera N-110, la vía tradicional de comunicación entre aquella localidad segoviana y la capital provincial a su paso por la tierra de Pedraza, entre los núcleos de La Velilla y Torre Val de San Pedro.

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VIsta desde el sur de la Ermita de Nuestra Señora de las Vegas. Santiuste de Pedraza (Segovia).

Tras muchos años de total abandono, este templo románico fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1969 (desde 1997 también es Bien de Interés Cultural de Castilla y León), una figura de protección que resultó decisiva en el aspecto que presenta actualmente. Y es que a partir del año 1971 fue objeto de una profunda e intensa labor de restauración que, con sucesivas actuaciones en diferentes elementos de su estructura, ha continuado hasta principios de los años 90 del siglo pasado. Con esta intervención la ermita ha pasado de ser una construcción absolutamente en ruinas a un edificio en un excelente estado de conservación.

De área balnearia de una villa romana a basílica paleocristiana

Sin duda, la gran singularidad de Nuestra Señora de las Vegas reside en la dilatada sacralización del solar donde se asienta, puesto que nos encontramos ante un templo medieval levantado sobre los restos de un edificio anterior tardorromano, a cuya superficie prácticamente quedó ajustado, aprovechando intencionadamente los restos del perímetro murario previo a modo de cimientos, hecho éste que indiscutiblemente explica las anómalas proporciones que presenta la planta resultante, muy alejada de los cánones arquitectónicos del románico.

El conocimiento del edificio subyacente romano sobre el que se erige la ermita de Las Vegas se debe a Izquierdo Bertiz, quien dirigió una serie de campañas de excavación en su subsuelo entre 1972 y 1974, englobadas dentro del proyecto inicial de restauración integral del edificio. En base a los resultados de aquella intervención arqueológica se ha podido determinar que la primera ocupación de este enclave se remonta al periodo romano, estando representada por un complejo termal asociado a una villa, cuya cronología se situaría entre los siglos II y IV de nuestra era. Dicha villa, aún sin excavar, parece extenderse por las inmediaciones de la ermita, a tenor del abundante material arqueológico identificado en prospecciones superficiales desarrolladas en el entorno circundante (material latericio, teselas de mosaico, cerámica fina y común romana, etc.), especialmente la documentada por Callejo Guijarro en 1965, así como la desarrollada en 1992 en el marco de los trabajos para la elaboración del Inventario Arqueológico Provincial de Segovia. Ahora bien, en ausencia de excavaciones de calado, de esa área balnearia aún se desconoce si conformaba un pabellón independiente de la residencia aristocrática romana, o si, por el contrario, en vez de encontrarse exento constituía un complejo anexo al propio edificio sin solución de continuidad.

Lo que sí es seguro es que a partir del siglo V este espacio termal experimenta una profunda transformación en lo que a funcionalidad se refiere, pasando a convertirse en un edificio de culto cristiano con un mausoleo, al igual que ocurre en algunos otros ejemplos peninsulares documentados. En pos de este cometido surgido de la cristianización del lugar, las antiguas estancias y elementos del circuito termal fueron objeto de reutilización. Así, unos amplios espacios con orientación E-W, considerados por Izquierdo Bertiz como el tepidarium y el frigidarium del complejo balneario, pasan a hacer las veces de nave principal del edificio paleocristiano, una pequeña piscina se reutiliza como pila bautismal por inmersión, mientras que el caldarium pasa a tener una funcionalidad funeraria al convertirse en un mausoleo anexo a todo este complejo edilicio, conteniendo la sepultura de un individuo, que se une a otras seis documentadas en sus inmediaciones pertenecientes a este mismo periodo. Del mismo modo, hay que reseñar la existencia de un pequeño ábside semicircular con el que quedaba rematado todo este conjunto edilicio a oriente, un elemento en el que sería más que probable la existencia de un altar.

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Planta general de la Ermita de Nuestra Señora de las Vegas, según Izquierdo Bertiz (1977). Obsérvese como las tres naves que conforman el cuerpo principal de la ermita románica prácticamente se ajustan a a la planta del edificio subyacente tardorromano (en trama rayada). En él se distinguen el tepidarium + frigiadarium (1), pequeña piscina reconvertida en pila bautismal (2) y caldarium transformado en mausoleo (3).

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Planta y secciones de la pila bautismal por inmersión, según Izquierdo Bertiz (1977).

 

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Planta del caldarium reconvertido en mausoleo, según Izquierdo Bertiz (1977).

También parece pertenecer a este edificio antiguo una pequeña y enigmática puerta con arco de medio punto en ladrillo descubierta en el exterior del muro norte de la ermita, hoy día tapiada aunque dejada a la vista intencionadamente tras los trabajos de restauración. Dicha puerta, levantada junto a otra portada románica muy simple, también tapiada, aparentemente no tiene sentido alguno debido a la proximidad entre ambos accesos. Por ello se ha apuntado la posibilidad de que sea el último vestigio conservado en pie de la antigua construcción romana. En este sentido, los ladrillos que componen el arco, de un tamaño y forma muy irregular, con unas características formales y una granulometría propias de una manufactura del aquel periodo, parecen apuntar en esa dirección.

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Puertas de entrada tapiadas en el muro norte. La situada a la derecha posee una arco de medio punto en ladrillo, pudiendo haber pertenecido al edificio tardorromano.

Este edificio paleocristiano tardoantiguo pudo prolongar su pervivencia hasta bien entrado el siglo VII, quizás incluso hasta principios del VIII.

La reocupación de Las Vegas. La construcción del edificio románico y las dos sucesivas fases de enterramiento

La ausencia de evidencias a partir del siglo VIII, coincidiendo con la invasión musulmana, reflejan el abandono del recinto paleocristiano, no siendo hasta finales del siglo IX cuando vuelva a atestiguarse un nuevo indicio de poblamiento en el enclave de las Vegas, representado en esta ocasión por una necrópolis de inhumación, cuyo uso para la práctica funeraria, concentrada bajo la posterior galería porticada de la ermita, se extiende hasta finales del siglo XI o principios del XII. La tipología y uniformidad de los enterramientos, extremadamente burdos, conformados por dos o tres lajas laterales longitudinales y otras dos transversales para cabecera y pies, su cubrición mediante losas delgadas e irregulares, sin olvidar el hecho de que algunas de las sepulturas de esta fase se han localizado incluso bajo las cimentaciones del posterior recinto románico, son los principales argumentos esgrimidos para demostrar esa anterioridad.

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Planta de las necrópolis halladas bajo la galería porticada de la Ermita de las Vegas, según Izquierdo Bertiz (1977). En trama gris rayada el mausoleo y otras estructuras tardorromanas.

A esa fase le sigue otra claramente constructiva, caracterizada por el levantamiento del templo románico propiamente dicho. Si bien algunos autores, como el Marqués de Lozoya o González Herrero, han considerado tradicionalmente a la ermita de las Vegas como un ejemplar del siglo XI, a la que corresponderían inicialmente la nave central y meridional, estudios más recientes vienen a contradecir esta hipótesis, indicando que, en función de las características de la fábrica, nos encontramos más bien ante una construcción encuadrable en el siglo XII, probablemente de su primera mitad.

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Vista de la ermita de las Vegas desde el suroeste

En ese momento se erige un templo en el que se emplea predominantemente la mampostería (cubierta hoy día bajo enfoscados), quedando limitada la utilización de sillares a los refuerzos de las esquinas, ventanas y cornisas. Este edificio ya se articulaba inicialmente mediante una planta basilical de tres naves compartimentadas en dos tramos, naves rematadas canónicamente a oriente con una cabecera compuesta de sus respectivos tramos rectos y ábsides semicirculares en el interior, los dos laterales transformados al exterior en testeros planos, fruto de un recubrimiento posterior, una solución que en el caso del ábside septentrional es debida a su condición de estructura de apoyo a la torre, de cronología posterior. Esta práctica arquitectónica consistente en alzar la torre sobre uno de los ábsides laterales se da también en otras iglesias del románico de la zona de Pedraza, como Aldealuenga y Arcones.

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Vista de la ermita desde el este. Se observa el acceso oriental a la galería porticada, el testero recto de cierre de la nave de la epístola, el ábside de la capilla mayor y el hueco que le separa de la base de la torre, en cuyo interior se encuentra el ábside de la nave norte.

El cuerpo de la ermita, cubierto mediante una armadura de madera, posee un desarrollo longitudinal notablemente reducido en relación a la anchura total que presenta, aspecto éste que responde al denodado empeño de los constructores medievales por ajustar el perímetro de la nueva construcción a las dimensiones del edificio previo romano, de manera que los restos de aquellos muros, puestos al descubierto durante las excavaciones de los años setenta, fueron reutilizados a modo de cimentación para el edificio románico.

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Vista de la ermita de las Vegas desde el noroeste, al pie de la carretera SG-P-2322. Se puede apreciar el muro norte con sus dos puestas tapiadas (una de ellas posiblemente romana), además del hastial occidental, todo ello con revocos contemporáneos.

Es en este momento fundacional cuando también da comienzo una nueva fase de enterramientos de inhumación que perdurará hasta el siglo XIV, la cual siguió concentrándose en la zona que con posterioridad se convertirá en la galería meridional. Esta segunda necrópolis medieval se caracteriza por la presencia de tumbas construidas de un modo más cuidadoso que las de la fase anterior, con empleo de lajas regulares y con la existencia, incluso, de algún sarcófago completo labrado en piedra. Ya en la segunda mitad del siglo XII se adosa al mediodía de este conjunto la propia galería porticada, totalmente realizada en fábrica de sillería, abarcando en longitud hasta la cabecera. Esta galería está compuesta de siete arcos sustentados sobre un banco corrido y columnas pareadas, decoradas éstas mediante capiteles con diferentes escenas figuradas, además de un sencillo pórtico de entrada resuelto mediante un arco de medio punto doblado, con cimacio y protegido por chambrana.

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Interior de la galería porticada desde el oeste. Bajo el pavimento se encuentra el mausoleo tardorromano y las sepulturas que componen las dos fases de enterramiento medievales.

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Detalle de uno de los capiteles de la galería porticada.

Precisamente bajo esta galería, casi a la altura de la portada de ingreso al templo, es donde se localizó el mausoleo asociado a la basílica paleocristiana, identificado durante la intervención arqueológica de los setenta, amén de las dos fases diferenciadas de enterramientos medievales.

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Fotografía de Izquierdo Bertiz, tomada desde el este, de las excavaciones de los años 70 bajo en el subsuelo de la galería porticada de la ermita. En primer término se aprecia el hueco que conforma el mausoleo tardorromano, a los pies de la portada de acceso a la ermita románica.

Es también el momento en el que se levanta en este lado meridional el acceso principal al templo, una portada con arco de medio punto abocinada en cuyas arquivoltas se suceden diversos motivos ornamentales (boceles, taqueado jaqués, florones de ocho pétalos) y cobijada mediante chambrana con billete (taqueado de pequeñas dimensiones). En ella son perfectamente visibles los restos de una antigua policromía, aunque correspondiente ya al siglo XVI, coetánea, por tanto de los frescos que se conservan en el interior del templo. En las enjutas del arco también se disponen dos figuras en altorelieve configurando una escena de la Anunciación, con la Virgen en el lado oriental y el arcángel San Gabriel en el oriental.

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Arquivoltas de la portada de ingreso a la ermita, con evidentes restos de policromía, aunque del s. XVI.

 

Para saber más:

ÁLVAREZ MARCOS, C. (2007): “Ermita de Nuestra Señora de las Vegas”, en García Guinea, M. A. y Pérez González, J. Mª (Dir.): Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Segovia, Aguilar de Campoo (Palencia), Fundación Santa María la Real, pp. 1.186-1.200.
CALLEJO GUIJARRO, T. (1965): “La arqueología, la historia y la leyenda en torno a Las Vegas de Pedraza, Estudios Segovianos, T. XVII, 49, pp. 5-60.
CONTRERAS y LÓPEZ DE AYALA, J. de (1963): “La iglesia de Nuestra Señora de las Vegas de Pedraza y el Romance de los Siete Infantes de Lara”, Boletín de la Real Academia de la Historia, CLIII, núm. 1, pp. 7-17.
IZQUIERDO BERTIZ, J. Mª (1977a): “Excavaciones en Las Vegas de Pedraza, Santiuste de Pedraza (Segovia), 1972-1973”, Noticiario Arqueológico Hispánico, Arq. 5, pp. 305-311.
IZQUIERDO BERTIZ, J. Mª (1977b): “Mausoleo de época paleocristiana en Las Vegas de Pedraza (Segovia)”, Symposium Internacional “Segovia y la Arqueología Romana”, Barcelona, Universidad de Barcelona, Instituto de Arqueología y Prehistoria, pp. 213-221.
IZQUIERDO BERTIZ, J. Mª (1977c): “La necrópolis medieval de Las Vegas de Pedraza (Segovia)”, XIV Congreso Nacional de Arqueología (Vitoria, 1975), Zaragoza, pp. 1241-1250.
IZQUIERDO BERTIZ, J. Mª (1992): “La transición del mundo antiguo al medieval en Vegas de Pedraza (Segovia)”, III Congreso de Arqueología Medieval Española (Oviedo, 27 de marzo – 1 de abril 1989), Oviedo, Universidad de Oviedo, pp. 89-95.
RUIZ MONTEJO, I. (1988): El románico de Villas y Tierras de Segovia, Madrid, Ediciones Encuentro, Obra Social y Cultural de Caja Segovia, pp. 328-329.

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